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 | GASTAD, GASTAD MALDITOS |
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Este domingo finalizó un nuevo acto del debate sobre la financiación de Grecia. Las recetas de siempre no sirven. Hay que entender de una vez por todas, que el estricto cumplimiento del equilibrio presupuestario no es compatible con un crecimiento cero o negativo de las economías periféricas como la griega, a menos que se genere un cierto y controlado déficit, no como se hizo en el 2009, siguiendo la recomendación del Consejo Europeo de diciembre del 2008. ¿Recuerdan ustedes la refundación del capitalismo, pregonada por Sarkozy en la cumbre del G-20 en Londres en la primavera del 2009? Gastad, gastad malditos, fue el lema de aquellos meses.
Así que los temores a un colapso mundial se desvanecieron entonces.
Pero los déficits quedaron, se ampliaron con el hundimiento de los ingresos y su continuidad ha generado perversas consecuencias. Entre ellas, la crisis de la deuda.
Hace un año, el euro estuvo a punto de partirse, cuando Grecia no pudo hacer frente a sus obligaciones, y otros países parecía que podían seguir sus pasos. El fondo constituido entonces, de 750.000 millones de euros, pareció suficiente para convencer a los mercados de la voluntad de defender la divisa única. Además, se inyectaron 110.000 millones adicionales a Grecia. Y, posteriormente, los problemas han continuado: primero, con Irlanda (otros 85.000 millones en diciembre) y, después, con Portugal, otros 80.000 millones.
España, por su parte, ha ido trampeando la situación, aunque la prima que debe pagar para colocar deuda pública a 10 años ha vuelto a encaramarse hasta los 2,6 puntos porcentuales por encima de la alemana. Sea cual sea la solución de la crisis griega, una quita sobre su deuda parece inevitable, dado que su volumen se acerca peligrosamente al 160% del PIB. Por ello, la situación en los próximos años continuará siendo muy inestable. Además, el que Grecia pudiera decidir abandonar el euro, como se insinuó el pasado domingo de nuevo, no puede descartarse.
Ahora bien, la consideración de esa posibilidad para Grecia abriría una crisis imprevisible para los países más débiles y, entre ellos e inevitablemente, para España.
Cuando se afirma que se ha elevado el riesgo-país de España, se está diciendo que los mercados internacionales, aquellos que nos prestaron en el pasado, están preocupados por el retorno de esos préstamos. Y el volumen de lo que se debe al exterior no es menor: unos 250.000 millones de deuda pública y cerca de otros 800.000 millones de privada, en la más favorable de las hipótesis. Y ahí es donde nos duele.
Decía el otro día un importante banquero que el sector privado en España debía retornar al sistema financiero cerca de 300.000 millones de euros antes de que el crédito comenzara a fluir de nuevo de forma abundante.
Los lodos de hoy, en forma de endeudamiento excesivo, más caro y de largo retorno, derivan de los polvos del pasado, cuando de un lado la falta de control de las autoridades permitió un crecimiento de la deuda privada que jamás debió tolerarse y a la que la banca tampoco puso freno en aras de mayores dividendos para los accionistas, sin tener en cuenta otros factores de riesgo que a la postre se han demostrado mas que importantes.
En este océano de endeudamiento, el sector público no hizo más que lo que debía: primero socorrer a la economía y, una vez estalló la crisis en la zona euro, apretarse el cinturón. Podemos tirarnos los trastos a la cabeza, algo de esto es y será inevitable, pero no hay que confundirse.
Los hogares y empresas del conjunto de España deben la friolera del 300% del PIB.
Esperamos que no se nos olvide cuál es el problema de fondo en aras de la batalla política y electoral que viene a la vuelta de las vacaciones.
Y este, nos guste o no, pasa por la inevitable reducción de esa enorme deuda privada y, también, aunque en menor proporción, de la pública.
Nos metimos donde no debíamos. Y ahora, todos pagamos las consecuencias.
Morella Consultores.
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