GOLDMAN SACHS, O EL ULTIMO TEMPLARIO



El éxito de los templarios se encuentra estrechamente vinculado a las Cruzadas; la pérdida de Tierra Santa derivó en la desaparición de los apoyos de la Orden como todos sabemos.

Felipe IV de Francia, considerablemente endeudado con la Orden, comenzó a presionar al Papa Clemente V con el objeto de que éste tomara medidas contra sus integrantes. En 1307, un gran número de templarios fueron arrestados, inducidos a confesar bajo tortura y posteriormente quemados en la hoguera.

Finalmente el Papa cedió a las presiones de Felipe IV y disolvió la Orden.

La brusca desaparición de su estructura social dio lugar a numerosas especulaciones y leyendas, pero las gentes que habitaban la ya vieja Europa de entonces no sufrieron grandes cambios en su modo de vida por el hecho, no poco trascendente, que se estaba dando en la sociedad de aquel tiempo.

A nadie interesaba ya la conquista de Tierra Santa, así que su Gran Maestre Gérard de Ridefort, acabó confesando ante la amenaza de torturas para salvar la vida. Este fue el final de la Gran Orden.

Hoy Europa, vive inmersa en el desasosiego y en la amargura mas absoluta, buscando respuestas diferentes, las de siempre ya se ve que están obsoletas, para configurar una nueva fórmula que resuelva el problema de la crisis.

Y en esa búsqueda está en un lugar prominente la salvación de la banca europea, con el fin último de salvar a la banca mundial, como condición sine qua non para resolver todos nuestros males, a la par que aceptamos resignadamente que nos metan la tijera por donde sea preciso.

Pero alguien tal y como debió de hacer Felipe IV de Francia, se ha preguntado qué sucedería, ¿si los grandes bancos desapareciesen?

Si Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Deutsche Bank, Crédit Lyonnais, Banco de Santander, Unión de Banque Suisse, Barklays Bank y cinco o seis de sus compañeros dejaran de existir esta noche, ¿qué pasaría?

¿Su ausencia tendría efecto en el número de fábricas, hospitales, granjas, laboratorios de investigación biotecnológica, pozos de petróleo o minas de oro?

¿Habría menos casas o coches?

¿Serían más lentos los ordenadores o los televisores de pronto serían de menor definición? No.

El mundo de mañana por la mañana tendría exactamente la misma cantidad de riqueza real y capacidad productiva como la tiene hoy.

De lo único que podemos estar seguros es que no habría una gran cantidad de instrumentos financieros, especulativos y arcaicos, que nunca produjeron economía real y en la medida en que los banqueros tuvieran que aceptar instrumentos tan sólo para la economía que nos interesa a todos, el mundo post-Goldman podría decirse que sería mucho más rico y más productivo.

Jon Corzine, que en lo que se refiere a moralidad, debe de estar próximo a Bernard Madoff., es la gran aristocracia, el Gran Maestre del Orden de la banca Mundial. Antiguo director General de Goldman Sachs, exgobernador de New Jersey, donante principal de la campaña de Obama para 2012, vislumbrado para reemplazar a Tim Geithner en el puesto del Secretario de Estado del Tesoro en agosto último, después del susto de los T-Bonds, y de hecho uno de los “creadores” de Obama en 2004.

Es decir, el corazón de la relación incestuosa entre el dinero y la política, entre Wall Street y Washington.

Así en agosto todavía aparecía como uno de los “intocables” en la cumbre de Wall Street; y sin embargo se equivocó totalmente sobre la evolución de los acontecimientos.

Al igual que Gérard de Ridefort, el último Gran Maestre de los Templarios, creyó que el mundo anterior continuaba siendo el mismo.

Creyó que, como “siempre”, los acreedores privados serían reembolsados “a su debido tiempo”.

El resultado: pérdidas multimillonarias y una quiebra que hace perder mucho dinero a sus clientes y pone a 1.600 empleados en la calle.

Ya dijimos en el pasado mes de Octubre, bajo el titulo de Hold to Maturity, que hacia finales de éste año comenzaría a producirse un reajuste en la banca internacional, para terminar en una fase de diezmado de los bancos occidentales.

Obviamente la desaparición de los grandes bancos dejaría sin duda algunas ondas en el estanque.

Las tasas de interés podrían subir y los precios de las acciones caerían, pero países como los EE.UU. y Japón tendrían que vivir de repente dentro de sus posibilidades.

Los presupuestos militares, los servicios públicos y las pensiones se reducirían drásticamente, es cierto, pero no mucho mas de lo que ya estamos dispuestos a aceptar como recortes en el estado del bienestar.

Y tendríamos finalmente compensaciones.

Donde hoy el mantenimiento de unos tipos de interés terriblemente bajos, 0,25% en Usa y 1% en la Zona Euro es devastador para los jubilados que viven de los intereses de sus ahorros, el aumento de las tasas de interés les daría de nuevo unos ingresos mas razonables, sin duda más que la compensación anual del IPC.

Las grandes fortunas y los especuladores que aprovecharon al máximo los instrumentos financieros de antes para comprar activos diversos, ahora los tendrían que poner a la venta, especialmente los que tienen una gran cantidad de metales preciosos, dándoles un uso productivo.

Los bancos que se centrasen en hipotecas, préstamos comerciales y de servicio al cliente prosperarán como depositantes, y las instituciones locales, acabarían abandonando a los grandes bancos.

Los mercados de agricultores y granjas locales crecerían para reemplazar una interrumpida cadena de suministro global de agro-negocios, pues dejaremos de estar sometidos a la dictadura de precios que las grandes multinacionales nos impusieron, comprando cosechas a futuro.

Mejorará sin duda también la política, al liberarse de las grandes contribuciones del sector financiero las campañas electorales.

Visto de esta manera, el proceso parece mucho menos amenazante, e incluso podría ser un camino hacia otro tipo de mundo.

Así que relajémonos, dejemos de vivir desconsolados y pendientes de la prima de riesgo, que si al final se van los grandes bancos, pues que se vayan, y vamos a ver qué pasa.

Toda Gran Orden, tiene su Saladino.

Morella Consultores.