Grecia Acto III

Hoy va a tener lugar en Bruselas un acto más del largo drama en que se ha convertido la crisis de la deuda.
Esa crisis alimentada artificialmente en principio desde Wall Street y La City que se les ha ido de las manos y ahora también les amenaza a ellos.

Y no parece que vaya a ser la última.

Como ya adelantamos en nuestro artículo titulado “Fantasía Económica” del pasado día 6 de Julio, (http://www.morellaconsultores.es/weblog/fantasiaeconomica.html), por fin parece que el consenso a cerca de que Grecia no puede ni podrá hacer frente a sus compromisos de deuda ha calado entre los socios europeos.

La solución de los problemas griegos, no está en continuar transfiriendo liquidez, con una deuda de imposible retorno cerca del 150% del PIB.

Estas últimas semanas se ha avanzado como decíamos en un cierto consenso: aceptar que Grecia es incapaz de devolver todo lo que se le ha prestado.

Pero si hay acuerdo en lo esencial, no lo hay en su instrumentación.

Los avances pueden proceder de la nueva posición alemana, que, finalmente, parece aceptar el uso de recursos de sus contribuyentes para reducir lo que debe Grecia. Ello podría instrumentarse, entre otras posibilidades, utilizando el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera para comprar deuda griega en circulación a bajo precio e intercambiarla por nuevas emisiones. Así, dado que la emitida a 10 años cotiza a un 52% de su valor nominal, 10.000 millones se podrían adquirir con un gasto de 5.200 millones, que se intercambiarían por una cifra similar de nuevas emisiones. De esta forma se reduciría el valor de lo que adeuda Grecia, aunque el riesgo quedaría concentrado en el fondo, es decir, en manos de los contribuyentes europeos.

Pero si Alemania y sus aliados parecen decididos a hablar sobre la utilización del fondo, existen posiciones aparentemente irreconciliables en aspectos más fundamentales.

La contribución (pérdidas) del sector privado al salvamento de Grecia.

Así, por un lado, están Francia, Italia, Grecia y España, que se oponen a que el sector privado asuma pérdidas en el segundo plan de salvamento de Grecia.
Es lógico que estos entiendan que hacer partícipe al sector privado aumentaría la presión actual sobre los tipos de su deuda.

La posición de los países que se oponen a la participación privada cuenta con el radical apoyo del BCE, cuyo presidente amenazaba el pasado lunes con no permitir el uso de deuda griega como garantía colateral de los préstamos que concede a la banca helena, en caso que las agencias de rating consideraran que las pérdidas privadas podían calificarse como una quita, aunque fuera parcial. Ello, para una banca como la griega que necesita la respiración asistida de la financiación del BCE, implicaría, simplemente, su colapso. Y, con ello, el posible inicio de un nuevo desastre financiero, sólo comparable al generado tras el hundimiento de Lehman Brothers. Por tanto poco probable que el BCE llegue a esos extremos.

Por el otro, con Angela Merkel a la cabeza, se alinean Finlandia, Austria y Holanda, que exigen que en cualquier nuevo paquete de ayuda a Grecia haya participación (pérdidas) de los prestamistas privados, junto a la presencia del sector público (con compras de deuda por el BCE o préstamos del fondo de estabilidad).

Y por último para que no falte ninguna inestabilidad, junto a Alemania, se alinea también el FMI, cuya nueva directora, la francesa Christine Lagarde, está abanderando un cambio de posición .

El contexto anterior permite comprender la histeria de los mercados estas últimas semanas. Cierto que Grecia no puede hacer frente a sus pagos. Pero Grecia no significa ni el 2% del PIB del área del euro. Cierto, también, que Italia tiene una deuda del 120% del PIB (frente al 60% español), pero ese endeudamiento está ahí desde 1990. Y cierto que Silvio Berlusconi no es la mejor tarjeta de presentación. Pero Berlusconi está ahí desde hace 12 años, y hasta ahora nada había pasado.

El importante aumento de la prima de riesgo italiana, y con ella de la española, solo cabe entenderlo en el contexto del pulso que los mercados, (Wall Street y la City), han echado a Alemania y sus socios. Les exigen que cualquier plan de ayuda a Grecia deje de considerar la participación (voluntaria o no) del sector privado. Es decir, si cesa la pretensión alemana de que este cargue con parte del ajuste griego, la calma regresará a los mercados. Como pueden comprobar, una apuesta de alto riesgo, que podría terminar mal.

Visto cómo ha evolucionado la crisis en este último año y medio, tenemos la convicción de que Alemania se saldrá con la suya, pues son los alemanes los que acaban pagando el grueso de las facturas que aquella ha generado.

El riesgo es que finalmente Wall Street y la City se salgan con la suya de manera insospechada finalmente y el euro acabe hecho añicos, con lo que Alemania y sus aliados, (Holanda, Finlandia, Austria) aparezcan con un renacido y fortalecido marco, mientras es mejor no pensar qué sucedería a países como España.
Da escalofríos.

Morella Consultores.