LA CULPA NO ES DE ITALIA NI GRECIA, SINO DE ALEMAN



Es curioso. Todos los expertos coinciden al afirmar que la crisis de la Eurozona está producida, entre otros factores, por la falta de liderazgo.

Y sin embargo, cada vez que la región pierde a otro líder, los mercados reaccionan como si fueran las mejores noticias que han recibido en un año.

Y es que la Eurozona falla porque en un principio todos nos creímos alemanes y con el tiempo hemos visto que no lo somos.

Las culturas, las prioridades y las economías son cada una de su madre y de su padre. Y no es algo contra lo que se pueda luchar fácilmente.

Los problemas de Italia o Grecia, los dos países que ahora nos mantienen en vilo, podrían haber resuelto sus problemas sin mayor altercado de haber actuado de forma coordinada con lel BCE y en especial con una Alemania que hubiese tomado medidas en el momento adecuado. Un poco de inflación, algo de devaluación, y listos.

Pero hay un problema: Así no se hacen las cosas en Alemania.

Así que, adheridos al Euro, la devaluación no es una opción posible.

Eso obliga a reestructurar y, aunque se demuestre que es algo positivo en el largo plazo, en el corto no deja de ser negativo.

Y lo que es peor, parece una solución impuesta por un poder externo.

El problema principal recae, por tanto, en el conflicto entre intereses nacionales y continentales.

Los bancos centrales de otras divisas, como la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón, compran abiertamente y masivamente la deuda pública de sus respectivos países para mantener estable su cotización y bajos los tipos de interés de la misma.

Esta intervención impide que su deuda pública se vea sometida al acoso y encarecimiento que está sufriendo la deuda pública de la zona euro, a pesar de que los niveles de déficit y deuda públicos de EEUU, Japón y Gran Bretaña son muy superiores, por ejemplo, a los de España.

El BCE, privado de esa capacidad, tuvo que recurrir, una vez dado el visto bueno por Alemania, a medidas heterodoxas para contener los ataques contra la deuda de la zona euro mediante la compra selectiva y puntual en el mercado secundario.

Pero esas operaciones son demasiado limitadas y tardías para lograr el efecto estabilizador necesario. Sólo una compra masiva podría contribuir a serenar el mercado, pero Alemania y el Bundesbank, marcados por la traumática experiencia de la hiperinflación de los años 1920 de un lado, y por el temor a peder competitividad global para sus exportaciones, se han opuesto hasta ahora a ello.

Para salir de la situación que nos angustia, Alemania debería subvencionar al resto de Europa una vez mas, bien a través de Eurobonos o bien dejando que el BCE imprima billetes y acepte la inflación que eso conlleva.

Aunque no resolvería el problema de fondo evidentemente a países como Italia, España y en menor medida incluso a Francia, sí lograría evitar los males que estamos sufriendo ahora, ya que coadyuvaría a una mas pronta reactivación económica.

Si hubieran sido Grecia o Italia las que hubiesen tenido que tomar las medidas globales, quizás la idea hubiese funcionado, pero no es ninguno de estos países, es Alemania.

Mientras que Alemania no cambie de opinión, cualquier esperanza de mejora aquí, será inútil.

Así que la pregunta es obvia, cuanto estamos dispuestos a pagar por nuestro pasado de derroche y el empecinamiento de la ortodoxia alemana?

Tal vez el Euro?.

Morella Consultores.