MR. Jean-Claude Trichet, AU REVOIR POUR TOUJOURS



En nuestro artículo del 6 de Julio titulado “Fantasía Económica”, ya anunciábamos que la política que estaba siguiendo el BCE era del todo errónea.

En julio de 2008, antes de la caída de Lehman y cuando arreciaba la mayor de las crisis financieras de que se tenga memoria, Jean-Claude Trichet, cabeza del Banco Central Europeo, cometió el primero de sus muchos errores que ha realizado en la conducción de esta crisis, ayudando a profundizarla aún más e incomprensiblemente subió las tasas de interés.

Con la absurdidad de tener como única preocupación del Banco Central Europeo el control de la inflación, Trichet actuó para contrarrestar el incremento del precio del petróleo que por esos días llegaba a los 145 dólares el barril.

“El alza en las tasas de interés buscaba presionar los precios a la baja......”.

La vieja escuela de Milton Friedman en su estado mas puro. La perfección de los mercados….

Pero la decisión fue bastante poco oportuna, pues la crisis ya estaba en marcha y el crecimiento de las grandes economías europeas, especialmente Alemania y Francia que habían tenido hasta entonces un comportamiento positivo, sirviendo de motor para la leve recuperación del resto, comenzaba a tambalearse y a los dos meses de aquella decisión, la economía mundial se derrumbaba por completo, y con ella la zona Euro.

La inflación desaparecía del horizonte.

Los seguidores de las corrientes monetaristas nunca aprenden la lección, y este año, mientras muchos países europeos luchan con el alto desempleo, con el lento crecimiento y con el problema de la deuda que afecta a Grecia, Irlanda y Portugal, y en menor medida a España e Italia, Trichet, para diferenciarse de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, en un gesto de pura arrogancia, subió las tasas de interés, primero en abril y luego en julio, tratando de demostrar lo indemostrable, que Europa “había superado la crisis”.

Sin embargo, el descalabro fue más fuerte y el crecimiento europeo se estancó definitivamente y la crisis de la deuda se hizo más profunda.

Al elevar las tasas de interés, el BCE aumentó los costos de endeudamiento de los Estados y puso el freno de mano al crecimiento económico, ralentizándolo aún más, exactamente lo contrario de lo que se requería.

En este punto, el BCE se mantuvo firme con su mandato del control de precios, aunque condujera a la economía europea al caos.

Sin embargo contrasta tanta ortodoxia por parte del Presidente de la entidad, mantenida a toda costa y contra toda lógica, con la trasgresión mas diáfana de su mandato cuando se ha convertido en prestamista de último recurso de los bancos privados de Europa (algo que no está en la Ley del BCE), o cuando ha comprado bonos de los gobiernos de Italia y España para mantener a estos países a flote, apaciguando mercados en la forma, pero alargando la crisis en el fondo, y sus soluciones duraderas.

Las políticas de Jean-Claude Trichet reflejan la obsesión que tienen siempre las políticas monetaristas y los seguidores de estas políticas por el problema de la inflación. Por eso es útil recordar que las políticas antiinflacionistas están en el génesis de la actual crisis dado que permitieron al gran capital financiero actuar a sus anchas y disfrutar de los enormes beneficios de la globalización a expensas de los desequilibrios macroeconómicos y del empleo.

Ahora, cuando los problemas económicos se reducen a estos dos ejes centrales: demasiada deuda y estancamiento económico, las políticas monetarias no tienen nada que ofrecer y sólo agrandan el problema con sus exigencias de austeridad y las imposiciones de recortes en el gasto público.

Esta vía no hace más que prolongar el serio estancamiento en que está la economía actual, con su lastre de desempleo y débil demanda.

Lo desconcertante de este enfoque del BCE es que sólo la minoría más rica es la que se beneficia (como siempre ocurre con las políticas monetarias, baste seguir la huella del incremento de la desigualdad en Estados Unidos, el pionero de estas políticas), mientras la gran mayoría resulta perjudicada.

Si la UE quiere dar un paso adelante debe generar una estructura que vele no solo por la estabilidad de precios, sino también por la estabilidad del empleo, el crecimiento y la equidad entre los distintos países que agrupa.

Ahora que la crisis entra en una nueva fase, el BCE deberá en forma urgente revisar sus prioridades de política económica.

El Sr. Trichet ha sido relevado el pasado 1 de Noviembre por fin, por el italiano Mario Draghi, al que le toca lidiar con una situación catastrófica, y al que no le bastará con ser Mario Draghi, pues todos los europeos necesitamos que sea..... “Super Mario”.

Morella Consultores.