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 | ¿Qué le espera a continuación a la Unión Europea? |
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Por fin los burócratas financieros europeos se han plantado delante de los mercados de derivados poniendo en marcha un enorme plan de estabilidad financiera de 960.000 millones de dólares (unos 750.000 millones de euros) que ha excedido todas las expectativas.
El plan es un salvavidas para Grecia y pretende asegurar –al menos por el momento-, la viabilidad de la Unión Económica y Monetaria.
Algunos observadores creen que esta decisión ha servido para prevenir una potencial crisis financiera en la que el impago de la deuda soberana habría provocado rápidamente pánico bancario a gran escala en algunos países europeos.
Esa semana muchos expertos esperaban que el paquete consiguiese calmar los mercados –al menos temporalmente-, garantizando la mayoría de la deuda soberana griega (también algo de deuda privada) o proporcionando crédito a otros Estados miembros en dificultades, incluyendo Portugal, España e Irlanda.
El efecto inmediato de este salvavidas –que también incluye algunos préstamos bilaterales, fondos estadounidenses y acuerdos de intercambio de dólares a través de la Reserva Federal-, fue acabar de un plumazo con los temores de un posible colapso del sistema financiero de la zona euro. Si hubiese llegado a ocurrir, se habría desencadenado una nueva ronda de recesión en Europa y podría haber llevado de nuevo al sistema financiero mundial a los niveles de hace 12-18 meses… o incluso peor.
El punto de partida de todo esto se remonta, obviamente, a hace algo más de diez años, cuando algunos países europeos adoptaron el euro como moneda, pero no pensaron en situaciones en las que tal vez la adopción de una divisa común pudiese generar tensiones y, en particular, el hecho de que, aunque haya una moneda común en el centro de Europa, realmente no existen mecanismos para garantizar que todos los países están jugando las mismas reglas y que todos los países están cumpliendo ciertos criterios básicos, que son en parte políticos y en parte económicos. Así pues, no se trata únicamente de economía, también es polític, criterios relacionados con los déficits fiscales y con el modo en que aseguras que tu país puede seguir siendo competitivo después de prácticamente haber renunciado a una política muy importante: la devaluación de la moneda.
En otras palabras, estás cediendo tu soberanía en términos de tu divisa, lo cual significa que cuando llegan los malos tiempos, no puedes devaluar para hacerte más competitivo.
Pero al mismo tiempo, hace diez años los arquitectos de esta unión monetaria no pensaron sobre qué se debería hacer en caso de que uno o más países tuviesen dificultades. No pensaron sobre el tipo de acuerdos institucionales y procedimientos de toma de decisiones que deberían existir para atajar una crisis que, desafortunadamente, tal y como siempre sucede con estas crisis de deuda soberana, se ha generado a lo largo de un extenso periodo de tiempo. Pero las crisis se desarrollan rápidamente y por tanto, si no planeaste este tipo de situaciones, en especial de forma institucional, será imposible en tiempo real poner en marcha los mecanismos adecuados para hacer frente a la situación.
¿Habrá más crisis? Creemos que en un sistema económico global… veremos más crisis. Es su propia naturaleza. Creemos que es un buen momento para empezar a pensar sobre las instituciones y mecanismos adecuados que puedan responder a este tipo de crisis de forma efectiva.
Y ésa ha sido la lección de esta crisis financiera global.
Ésa es la lección del paquete de medidas de Grecia.
Creemos que Europa ha aprendido la lección y se responderá en consonancia, tanto en Alemania y Francia como en otros países.
No pueden dejar que la UE fracase.
Es ese concepto de “demasiado grande para caer” aplicado a un contexto algo diferente.
Mauro Guillén
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